domingo, 23 de abril de 2017

como quien airea las sábanas...

Aunque pudiera parecer que tantas muertes la hubieran dejado sin latido, sucedió todo lo contrario. Nada ni nadie se le resistía. Salvaba las trampas de la vida sin un ápice de resignación. Y lo que es más sorprendente, sin una lágrima. Aprendió a sacar la risa de tal forma que su boca dibujaba una sonrisa infantil y despierta capaz de contagiar a las piedras, a cada cosa simple que sucediera a su lado. Mirarla producía una felicidad que irremediablemente te hacía pensar en el estado de madurez y en el equilibrio emocional que todas esas canas atesoraban visibles a todo el mundo, como quien airea las sábanas.

Lena viajaba absorta en la fortaleza de su madre cuando la ventanilla del tren dejó ver su cara apagada debajo de unas ojeras impropias de sus treinta y dos años junto a las cuarenta mil preguntas sin respuesta, las incertidumbres eternas, la impotencia, la rabia... Era evidente, Lena no había heredado la pasión irrefrenable por respirar de su madre, ni su resistencia contracorriente, ni su alegría infinita. Eran tan distintas...

jueves, 8 de septiembre de 2016

con vistas al mar…



En la piscifactoría de Al Bahar, en Gaza, una familia palestina equipada con redes de mango largo intenta atrapar doradas en un depósito. Se oyen gritos cuando un niño extrae un pez, uno de la media docena que pronto será destripada y cocinada a la parrilla en el restaurante que hay justo al lado.
La instalación se encuentra en una pequeña elevación sobre una playa y desde ella se ve cómo rompen las olas del Mediterráneo. Junto al restaurante y el acuario, Al Bahar presume de un parque infantil y de que los visitantes acudan al recinto para pasar un día diferente.
Para sus propietarios, sin embargo, Al Bahar representa la posibilidad de algo mucho más significativo: proporcionar a los palestinos una nueva fuente de suministro de pescado y reducir su dependencia de las importaciones de Israel.
El sector pesquero palestino funciona bajo restricciones muy duras. Una zona de exclusión controlada por Israel limita el espacio en el que pueden trabajar a seis millas (unos 11 kilómetros) de la costa gazatí. Los pescadores se arriesgan a que les disparen, los detengan o les confisquen su pesca.
Las poblaciones de peces en la zona son escasas y las flotas de Gaza tienen dificultades para capturar lo suficiente para abastecer al mercado interno.
Todas las granjas de Gaza son vulnerables a la inestabilidad que provoca el gobierno de Hamas. Pero Haj señala que el mayor obstáculo para la expansión es la falta de un suministro de electricidad fiable para un negocio que necesita energía 24 horas al día para oxigenar los depósitos y mantener vivos a los peces.
Es un problema que conoce muy bien otro piscicultor de Gaza. Tras una valla en un terreno costero cercano a la ciudad meridional de Khan Younis, Mohammed Salmi, de 21 años, cuida los depósitos de su familia. "Mi padre trabajó 30 años en una piscifactoría en Israel", explica Salmi. "Abrir una en Gaza era su sueño".
Mucho más pequeña que Al Bahar, la granja gestionada por la familia Salmi perdió su primera 'cosecha' de camarones tras un corte de electricidad en su depósito principal. Ahora prueban suerte con faredi, un pequeño pez naranja que es más robusto que el camarón y puede sobrevivir con solo 12 horas de electricidad al día. En cualquier caso, la familia ha encargado paneles solares como medida de emergencia para mantener sus peces con vida.
Como en Al Bahar, la familia planea construir un restaurante y una gasolinera para sus clientes, que vienen de toda la Franja de Gaza. Y al igual que en la otra piscifactoría, Sami explica que la popularidad de la granja entre los clientes particulares hace que no haya suficiente pescado para suministrar a los comerciantes del territorio.
De nuevo en Al Bahar, Basil Abu Sahal está comprando dos kilos de pescado para que los coma su familia. "Es la primera vez que vengo", explica. "Estoy probando, pero es casi el mismo precio que pagas en el mercado". Señala que parte del atractivo radica en que el pescado es mejor que el que se captura en los mares contaminados de Gaza. Cocinan la dorada y Sahal se sienta a comerla con su familia, en una mesa con vistas al mar.